Visita anual al glaciar Aneto, campaña 2025, 25 de septiembre

Ya van 4 años seguidos que subo a visitar el glaciar Aneto. Son muchos cambios en poco tiempo. Es un cuerpo vivo se deja afectar por las atmósferas cambiantes y sigue las aceleraciones de cada ciclo.
Pocos días antes de la salida, llegó el otoño con toda su intensidad, bajó la temperatura 15 grados y en los Pirineos nevó por primera vez esta temporada. Se cubrió el hielo duro y craquelado con una nueva capa blanca, de 10 cm quizás. Creí que el verano me esperaría, lo vi como un destiempo pero también como otro momento de documentación. Igual, el área del glaciar se distinguía sobre la roca y dejó dibujar un perfil que parece más pequeño.
Subimos directo por Salterillo hacia la cumbre, yo me quede justo debajo de la cima, en el nevero del silencio para dibujar el collado Coronas. El día estaba frío pero soleado, lo suficiente para sentir en la quietud pies y manos congelados.
La panorámica hacía la cumbre está enmarcada por paredes de roca, de granito quebrado, afilado y dramático, hacia abajo, al nororiente, una pendiente aguda, escurridiza y en muchos momentos vertiginosa. Ese día un manto de nubes cubría los valles, un encuadre tal como ‘el mar de nubes’ de Friedrich.
Caminamos todo el glaciar Aneto desde el collado Coronas hasta el ibon Innominato. Su masa se ha ido fraccionado estos últimos veranos con el afloramiento de rocas. Nos acercamos a la Rimaya del collado Coronas, una zona que me daba vértigo al imaginar las dimensiones del inicio a este glaciar de circo. La rimaya es una hendidura horizontal que por el peso del hielo desprende la masa de las aristas superiores de roca. La del Aneto es ahora baja y redondeada, un canto desgastado de lo que fue hace algunas décadas.
Gracias a la ligera capa de nieve, caminamos transversalmente el glaciar, sino la pendiente es demasiado pronunciada y el hielo muy duro. En el camino encontramos algunas hendiduras donde registré ese hielo que busco, lleno de detritos, burbujas, diferentes matices de azul, esa intimidad temporal que rompe el cuerpo, que lo hace peligroso pero también atractivo y en constante fricción.
Agradecimientos a Ixeia Vidaller y Chemary Pons (Mas Pirineo) por la guianza y el acompañamiento.
Una investigación apoyada por ANTALP
Gracias Lab-Media de Belles Arts de la UB por la cámara.
















