
En el 2011 comencé a leer el libro de los Cambios, sin entender mucho, su solo lectura me sugería un paisaje, un encuentro. Era una incitación al dibujo, como un ejercicio de comprensión de cada hexagrama mediante el movimiento dejado por la línea. Con un interés más intelectual que circunstancial, la descripción de cada elemento, me fue dando instrucciones simbólicas y gráficas para representar la naturaleza.
Con la imagen de la Revolución (hexagrama 49) comenzó este cuaderno de dibujos, justo aquel día que marco para los Mayas el fin de la cuenta larga, el 21 de Diciembre de 2012, el fin de un gran ciclo que da comienzo a un nuevo tiempo. Luego siguió la imagen de la Evolución (hexagrama 53), que como el crecimiento paulatino de un árbol sobre una montaña, me sugirió un ejercicio perseverante en el tiempo como forma de estudio del libro.
Así asumí la rutina de cada 8 días echar las monedas sobre la libreta para estudiar la imagen dada por medio de la transcripción y el dibujo. Y fue a través del trazado de cada fuerza, que la imagen parecía cercana y comprensible. Un paisaje capaz de sincronizar la intención interior frente a las circunstancias externas. Una fuerza en movimiento que da razón al cambio como única forma de evolución y aprendizaje. Y de esta manera, corresponder al tiempo, que a través de ciclos, todo renueva.
La gracias de la impermanecia hace todo posible.
