
Un paisaje trágico e inquietante, armonía de apariencias y simulaciones surge en el piso de la galería. Fragmentos cúbicos de materiales urbanos fluyen, se deslizan, se hunden. El suelo se ablanda y se ondula por un mar que emerge como ilusión pictórica.
Extendiendo los limites de la pintura fuera del cuadro, la ilusión de flotar ocupa el suelo de la galería, pintura convertida en objeto, interviene el suelo y abarca el espacio. La instalación invita al espectador a caminar entre las piezas, hacerlo participe con su presencia, seducido por la ilusión de las superficies pictóricas tridimensionales.
Valiéndome de un antiguo genero pictórico el trompe-l’oeil (trampa de ojo), cree apariencias visuales que confunden la percepción del espectador, reproduciendo diferentes texturas de materiales urbanos, como el cemento, el granito, la pizarra; así mismo prolongue las líneas de la madera del piso y levante algunas laminas dando una apariencia acuosa en superficies sólidas.
En un juego de seducción y de confusión del espectador, la ilusión de flotar abre nuevas posibilidades a la pintura, así como recuerda la fragilidad del paisaje contemporáneo. La entrada del mar hace referencia al aumento del nivel del océano por calentamiento global, las ruinas cúbicas de materiales urbanos quedan esparcidos en el espacio como vestigios de un arrasamiento.
Un paisaje oscilante,
distancia azarosa,
contemplar el mar y dejarse llevar;
sin abandonar la orilla, así la pintura se expanda.
Septiembre 2007
Galeria Nueveochenta, Bogota



